Droga — Rozando lo inconexo

La vida me pierde, y yo me dejo hacer. Soy un truhán, vagabundo y solitario que corretea cual niño detrás de una falda. Maldita esta droga que me rezaga y me distrae en mi caminar. Yo no soy ese, ese no…

La gran ciudad contamina y despista. Preso de mis deseos me dejo mangonear y sucumbo a sus encantos a sabiendas de que serán mi perdición. Quiero abandonar esta sombra que finjo luz ahora y que antes sí fue, pero ya no.

Escucho sonar una melodía en el dial de la emisora. Una canción que en tiempos no tenía un significado, que hoy tiene un sentido y es la realidad de lo que vivo. Deseoso me hallo de regresar al lugar donde podré avanzar.

Transcurren los días mientras me absorto en lo más profundo de mi mente y pierdo consciencia de la realidad. Avanzar se hace tarea complicada si permito que lo ajeno a mi voluntad se interponga.

Es entonces cuando busco es válvula de escape que me proporciona placer momentáneo y me reconforta a corto y efímero plazo. De ahí nace mi amor y más severo planteamiento personal:

«¿Soy fuerte por todo lo superado hasta ahora y dónde he llegado o débil por dejarme ir, cayendo en los obstáculos y buscando una salida fácil?»

Supongo que cuestionarme eso es señal de conflicto y de afán de superación que pronto espero resolver y llegar allá donde me proponga. La única barrera entre lo que quieres lograr y tú, eres tú mismo.

rozando lo inconexo

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