Este otoño llega la novela más negra y dura del año.

SEDIENTA

Sedienta
Sedienta — Aeryn Anders

SINOPSIS

Edna —una mujer para la que no existen límites— lucha por descubrir qué la llevó al estado en el que se encuentra tras aparecer desnuda y ensangrentada después de siete días desaparecida.

Siete días que su mente lucha por olvidar porque no sabe qué hicieron con su cuerpo y quién se encuentra detrás de tan macabra actuación; pero una investigación al margen de la oficial, la obligará a recordar momentos que quiere borrar por pura supervivencia.

Sedientaes una novela repleta de escenas duras, donde el lector sentirá en sus propias carnes las atrocidades que vive la protagonista. La escritora nos narra con gran realismo los sucesos ocurridos de una crudeza que se vive más cerca de lo que creemos.

La maldad traspasa todo límite establecido.

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EXTACTO

La pastosidad de la boca junto al intenso dolor de cabeza, la obligó a abrir los ojos. Un olor nauseabundo se adueñó de sus fosas nasales en el primer intento por llenar los pulmones del tan necesario aire. La arcada quemaba todo a su paso, quiso taparse la boca para contenerla; sin embargo, no fue lo suficiente rápida para evitarlo y arrojó la comida a sus pies.

Parpadeó un par de veces, deseaba adaptar la visión a la oscuridad que le envolvía. No estaba en su cuarto y algo en su interior le advertía que tampoco se encontraba en la cama de Jabel, la dureza que sentía no se asemejaba en nada a la comodidad de su colchón.

Esforzó la mente para recordar dónde se encontraba, aunque la laguna mental se apoderó de ella. Lo máximo que alcanzó a rememorar fue la salida del restaurante apresurada y el retorno a casa de Jabel.

«Un momento», pensó.

Jabel insistió en aplazar el café porque algo en la comida le había sentado mal. La preocupación en su mirada fue suficiente para que Edna aceptase de buen grado la sugerencia de acostarse a dormir la siesta, estaba convencido de que el malestar de su cuerpo era debido a la falta de descanso.

Intentó incorporarse para corroborar que la idea de que se hallaba en el hospital no era tan descabellada, quizás había empeorado en el trayecto y habían ido. La desorientación hizo que tomase asiento de nuevo, inspiró una bocanada de aire para paliar el mareo y poder levantarse. Minutos más tarde volvió a intentarlo. Cerró los ojos asustada cuando —al dar tres pasos— comprobó que la cadena que la apresaba a la cama imposibilitaba cualquier movimiento, aquello impedía una escapatoria.

Forzó la mente para que le revelase dónde se encontraba, pero era como si estuviese drogada, por mucho que procuraba reconstruir lo ocurrido durante el día, lo máximo que evocaba era la salida del restaurante; sin embargo, nada más se proyectaba.

—¡Socorro! —Medio gritó, ya que el habla también le costaba.

Luchó contra el grillete para liberarse, tiró con fuerza hasta que sintió la calidez de las primeras gotas de sangre recorriéndole la muñeca. No le importó el dolor que sufría por la perseverancia exigida, sabía que —de no intentarlo— algo malo ocurriría…


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